"Que el justo me hiera con bondad y me reprenda; es aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza, pues todavía mi oración es contra las obras impías."(Salmo 141.5)
El justo enseña y los que son justos también aprenden. Para ellos, aunque el proceso de aprendizaje pueda ser doloroso y hasta parezca ser un acto de injusticia, saben que es por su propio bien y lo aceptan con gratitud.
Pero no es así con los injustos, es decir, aquellos que han nacido de la carne. Lo sienten como una injusticia, se quejan, se quedan dolidos, se enojan, no lo aceptan e incluso quieren venganza. Pero es natural, después de todo, la oscuridad odia las obras de la luz.
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