"¿Quién subirá al monte del SEÑOR?
¿Y quién podrá estar en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño."(Salmo 24.3,4)
Sólo cuando se asume la fe y se practica es que al Ser Humano se le permite estar ante de la presencia de Dios.
La ley de la fe transforma lo injusto y pecador en justo y santo delante del Altísimo.
De lo contrario, no hay salvación del alma.
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