"No os jactéis más con tanto orgullo, no salga la arrogancia de vuestra boca; porque el SEÑOR es Dios de sabiduría, y por El son pesadas las acciones" (1 Samuel 2.3)
Por nuestras intenciones, pensamientos y palabras somos pesados y determinan nuestro carácter ante Dios.
Nada, absolutamente nada, permanece oculto a Él.
Los ojos altivos, corazón orgulloso y todas clase de pecados no quedará impune.
Apártate del mal y haz el bien,
y tendrás morada para siempre. (Salmo 37.27)
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